domingo, mayo 21, 2017

El móvil del crimen

Conocer la motivación de un criminal no siempre es sencillo porque requiere trabajar con pruebas a la vez que con pensamientos y comportamientos del asesino. Cuando un delincuente premedita, planifica y lleva a cabo un plan de acción en su totalidad, suele ser más fácil descubrir cuál es su móvil y, desde ahí, llegar hasta él. Pero cuando el asesino es, lo que se suele llamar “desorganizado”, es más difícil porque, en la mayoría de las ocasiones, realiza sus acciones movido por una enfermedad mental o un trastorno de algún tipo.

La verdad es que no existe un criminal que sea puramente organizado o desorganizado, lo que dificulta ampliamente la labor de los investigadores.

La realidad es que ante algo tan complejo como determinar exactamente el móvil de un crimen es muy fácil equivocarse, desde alterar el escenario a no identificar bien un testigo, por ello los investigadores tienen claro que lo importante es minimizar dichas probabilidades de error para realizar un buen trabajo. Todo a base de una buena formación de los investigadores, pero también de la experiencia.

Lo más importante ante la noticia de un homicidio es no cometer errores que luego no se puedan recuperar. Cuidar bien el escenario, identificar aquellos testigos o personas que puedan tener información en un primer momento, y luego sobre todo es recopilar la máxima información en un periodo muy breve.


En este contexto, determinar el móvil es esencial  para concretar las circunstancias de las víctimas que pudiera ponerla en un lugar de riesgo. El móvil lleva a pensar qué tipo de autor se debe buscar y, además, orientará a la hora de dar los siguientes pasos en la investigación y poder avanzar en la buena dirección. 

sábado, mayo 13, 2017

El Crimen de los Galindos

Sucesologia Podcast - Segunda Temporada - Capitulo 5
Corría el año 1975 cuando ocurrió en Sevilla, aquí en España, uno de los crímenes más sangrientos de los que recuerda nuestra crónica negra. Hablamos del Crimen de los Galindos, un misterio que, 20 años después, sigue sin resolver.

Viajamos hasta un 22 de julio en Paradas, en Sevilla y, en concreto, hasta un cortijo llamado “Los Galindos”, donde un día, cuando los trabajadores volvían de sus labores en el campo, se encontraron con un cruel espectáculo que no iban a olvidar fácilmente. Una columna de humo que salía del cobertizo les hizo apresurarse. Tras apagar el fuego, ven un rastro de sangre que les conduce desde el exterior hasta uno de los dormitorios. Allí aparece, en primer lugar, el cadáver de Juana Martín Macías, de 53 años, mujer del encargado del cortijo, que había sido golpeada en la cabeza.  Al salir de la casa, en una cuneta, encuentran la segunda víctima: Ramón Parrilla González, de 40 años, con los brazos destrozados, quizá por haber intentado defenderse de los disparos de escopeta que fueron directos al corazón. Tras volver al cobertizo, calcinados, aparece un matrimonio: Asunción Peralta Montera, de 34 años y, José González, tractorista de la finca. 

El capataz de la finca y principal sospechoso inicial de las investigaciones, se encontraba en paradero desconocido. Tres días después, fue encontrado, también sin vida, con la cabeza destrozada a golpes y cubierto de paja. Nadie sabe si estuvo allí escondido desde el principio, o si alguien lo movió después de que se encontraran a los otros cuatro. Con él se acababan las pistas.

Cinco muertes en un pueblo que no llegaba a los 8.000 habitantes.

Varios errores en las investigaciones y las diligencias iniciales terminaron de convertir aquel caso en un  imposible. Se llegaron a hacer exhumaciones de los cadáveres para realizar segundas autopsitas, pero de nada sirvió.

Entre las hipótesis, se barajaban motivos pasionales, reyertas, tráfico de drogas, e incluso llegó a investigarse el origen militar de alguno de ellos, haciendo que el caso fuese reabierto en cuatro ocasiones.

Las últimas investigaciones concluyeron que los crímenes habían sido llevados a cabo por dos personas como mínimo, sin vinculación aparente con la finca. Entre las nuevas hipótesis, aparecieron las sospechas de que “personas influyentes” estaban ayudando a paralizar la investigación., ya que, al parecer, se había celebrado allí, antes del crimen, una reunión militar secreta.

Pero una vez más, todo eran suposiciones.

Trece años después de aquellas cinco muertes, en 1988, el caso es definitivamente cerrado. El sumario, que llegó a sumar 1.300 folios, que se archivaba en Marchena, se extravió en un traslado de los juzgados de aquella localidad a Sevilla. Más misterio que se suma a este caso, ya de por sí enrevesado.


Qué fue casualidad y qué no es una cuestión que se quedará sin solucionar, porque los homicidios prescribieron en 1995, sin que hayamos podido despejar las incógnitas sobre este sangriento capítulo. 

Escucha todos los detalles de este caso y mucho más en el podcast del mes de Mayo de Sucesología desde aquí. 

martes, abril 25, 2017

Modus Operandi

Con el caso del Monstruo de Florencia, como ocurre con otros muchos, surge una pregunta, ¿qué nos ha llevado a pensar que todas esas muertas las podía haber realizado la misma persona?

Aquí entra el juego, entre otras cosas, el Modus Operandi. Este concepto se refiere a la manera en que se ha cometido un crimen, y está compuesto esencialmente por las conductas del autor del crimen, por sus elecciones al a hora de matar, por cómo se ha cometido el delito.

El Modus Operandi puede dar mucha información a los investigadores sobre los conocimientos del autor de los hechos, sus habilidades o incluso su oficio. Puede evolucionar con el tiempo, “mejorar” o “empeorar”, pero siempre tiene una base común. 

Puede componerse de elementos muy diversos: el uso de máscaras durante los hechos para proteger la identidad del autor, el uso de mordazas para silenciar a la víctima, el uso de vehículos robados para huir… es decir, puede estar presente tanto antes como después del crimen, como forma de preparación y huida respectivamente y, por supuesto, durante el mismo.

No se trata, en este sentido, de las motivaciones del autor, el por qué está cometiendo esos delitos, sino que hace referencia a qué método ha utilizado para llevar a cabo el crimen.

lunes, abril 10, 2017

El Monstruo de Florencia

Los medios de comunicación se apresuraron a ponerle un nombre para intentar personificar el horror que se estaba viviendo en sus calles, donde se cometieron 16 asesinatos entre 1968 y 1985.

Florencia, en Italia, fue el escenario de aquellos 8 actos criminales en los que se mataron personas de dos en dos, siempre con el mismo modus operandi: un disparo y puñaladas posteriores. El lugar nunca fue el mismo, cada uno de aquellos 8 asesinatos dobles tuvo su propio escenario. El arma si fue la misma, aunque quizá la puntería de su porteador dejaba mucho que desear. Se encontraron en total 66 proyectiles en las 8 escenas del crimen.  

La investigación se prolongó casi 10 años, en los que se interrogaron miles de sospechosos. Todo parecía tan retorcido y tan difícil de atar que se llegó a pensar que había más de un culpable y que todos ellos pertenecían a una secta satánica, o que habían sido contratados por una. Muchas teorías que siguió la policía en sus investigaciones llevaban a esa idea, de hecho, pero ni siquiera así fue posible descubrir a los autores. El monstruo era como un fantasma.

Durante aquella época, Florencia vivió un aumento de los delitos de sangre, sin móviles aparentes, ni rastro de organizaciones delictivas o mafiosas. Hay quien llegó a plantear la posibilidad de que el Monstruo de Florencia no sólo estuviese llevando a cabo aquellos asesinatos rituales, sino que, como una forma de despistar, llevaba a cabo otras muertes con diferentes modos de proceder. Pero nada podía relacionar todos aquellos crímenes que se cometieron en Florencia durante casi dos décadas. El único denominador común fue la crueldad y la forma sigilosa de actuar.

El abogado de Pietro Pacciani, el principal sospechoso, anunció la publicación de un libro en el que aseguraba explicar “toda la verdad” sobre el caso. Fue él quien reforzó la idea de que las muertes habían sido ordenadas por los miembros de una secta satánica, que utilizaba los órganos de las víctimas para sus macabros rituales.

En el año 2001 el caso se volvió a retomar para sorpresa de muchos, pues al parecer, aparecieron nuevas pistas que se encaminaban a recuperar aquella teoría de la secta. 
Pero la realidad es que a día de hoy, casi 50 años después, el caso sigue sin resolverse.

Si quieres conocer más detalles sobre este caso, pásate por nuestro podcast de este mes desde aquí

domingo, marzo 26, 2017

La escena del crimen

Tanto para la criminología como para la criminalística, la escena del crimen es una parte esencial para cualquier investigación, porque en muchos casos, es el punto de partida y en otros, es el único punto que tenemos. 

Hablando en términos cirminológicos, se considera escena del crimen todo lugar donde haya actuado un agresor, donde se pueden realizar análisis forenses, reconstrucción de los hechos, se puede estudiar incluso a la víctima y se puede analizar el comportamiento del agresor en base a las huellas, físicas y psicológicas, que haya dejado en el escenario. Cada escena del crimen es distinta a otra. Por tanto, cuando se comete un delito y, sobre todo en los casos en los que hay víctimas mortales, se realiza un proceso concreto en torno a dichos escenarios del crimen, que, de forma resumida, son:
  • En primer lugar, entra en acción la policía científica y los forenses, que estudian el lugar analizando las evidencias físicas.
  • En segundo lugar, se estudian las evidencias conductuales, es decir, las huellas del comportamiento que pueden observarse en el escenario del crimen.
  • Y en tercer lugar, si fuera necesario, se emplearían otros métodos partiendo de todas esas evidencias, como son los perfiles criminales, los perfiles de las víctimas o el perfil geográfico. Con todo ello, se puede obtener un buen perfil criminológico para identificar al autor de los hechos o descubrir los hechos reales. 

Pero la escena del crimen no tiene por qué ser un sitio interior, sino que puede tener características muy distintas: puede estar al aire libre, ser un vehículo, o incluso estar bajo el agua. Por tanto, las características de cada uno de esos lugares también influirán sobre la investigación.

Además, hay que tener en cuenta que puede haber más de una escena del crimen, incluso para un mismo delito.
  • En primer lugar, existe un punto de contacto, lugar en el que el delincuente se aproximó o atacó a su víctima y que, por tanto, hay que tener en cuenta.
  • En segundo lugar, habría una escena primaria, donde el delincuente lleva a cabo la mayor parte del ataque y, por tanto, donde hay un mayor número de evidencias físicas.
  • En tercer lugar, tendríamos una escena secundaria, donde se lleva a cabo alguna interacción, pero no de forma relevante. Es decir, hay que tenerla en cuenta, porque en todas estas partes habrá evidencias, pero no es dónde más pruebas se encontrarán.
  • En cuarto lugar, existe una escena intermedia, considerada como tal cualquier lugar entre la escena primaria y el lugar del abandono de la víctima, que sería la última clase de escena del crimen con el que nos encontraríamos.


A veces esas escenas pueden coincidir, pero a la hora de investigar, hay que tenerlas todas en cuenta para no dejar ningún hilo sin atar.