miércoles, septiembre 20, 2017

Entomología forense

Si la escena del crimen es algo indispensable para la resolución de un caso, cada uno de los elementos que podamos encontrar en ella también lo son. Incluidos los seres vivos. Y no me refiero a posibles supervivientes, sino a aquellos que, en algunos casos, llegan a la escena del crimen antes que la Policía y pueden dar muchísimos datos: los insectos. 

Ellos son la base de la entomología forense, centrada precisamente en el estudio de insectos asociados a un cuerpo en descomposición, y ellos pueden ayudar a determinar la hora de la muerte, las causas y las circunstancias, dar a conocer si la víctima ha sido trasladada o si ha consumido alguna sustancia. En ciertos casos, los datos que aportan estos invertebrados son cruciales para la investigación.

El intervalo entre el momento de la muerte de la víctima y el hallazgo de los restos da lugar a la acumulación de insectos adultos y a larvas, en diferentes estados de desarrollo, que informa al entomólogo de cómo y donde se produjo la muerte, además de informarle a nivel toxicológico, es decir, si hay presencia de drogas, tóxicos, etcétera.


El primer documento conocido sobre el uso de esta técnica se remonta al siglo XIII y es nada menos que un manual de Medicina Legal chino que hace referencia a un caso de homicidio: Un labrador apareció degollado por una hoz y no había pistas que pudieran ayudar a señalar al culpable. Para lograr una solución, se hizo que los labradores de la zona depositasen sus hoces en el suelo al aire libre y se observó a cuál de ellas iban las moscas. Atraídas por los restos de sangre que, aunque no eran visibles, permanecían en la hoz, se pudo determinar que la elegida por los insectos era la hoz que había sido utilizada para cometer el crimen

Desde entonces, la entomología ha recorrido un largo camino hasta consolidarse como parte esencial en algunas investigaciones.  

lunes, septiembre 11, 2017

Buck Ruxton


Dos mujeres asesinadas y descuartizadas, abandonadas en un barranco en Escocia. Es lo único que tenía la policía. Eso y unos cuantos bichos que se habían acercado a la escena del crimen. Gracias a ellos, se resolvió el caso. Corría 1935 y se ponía de manifiesto la importancia de la entomología forense. Era la primera vez que se utilizaba esta técnica en Gran Bretaña.


Como siempre, comencemos desde el principio. En 1899 nacía en Bombay un chico que, lejos de otras trágicas historias que han vivido ciertos asesinos durante su niñez, disfrutó de una infancia tranquila y una educación completa. 

En 1922 se licenció en medicina y se especializó en cirugía. Tras un breve matrimonio en la India, viajó como médico a bordo de un navío, se trasladó a París y, finalmente, se mudó a Edimburgo. Allí comenzó a utilizar el nombre de Buck Ruxton con la intención de que nadie conociese su origen ni su pasado. 

Comenzó un noviazgo con una mujer casada que le siguió cuando se marchó a trabajar al sur de Inglaterra. A pesar de los inicios de aquella relación, fueron una pareja corriente y tuvieron tres hijos.

El 14 de septiembre de 1935, Isabella, la mujer de Ruxton, fue a visitar a sus hermanas y fue la última vez que se la vio con vida

A finales de ese mes, la policía encontró restos humanos en un barranco en Moffat, una localidad de Escocia y enseguida los relacionó con la mujer de Ruxton, que contaba con 34 años, y su niñera, de 20 años. 


Si quieres conocer la historia completa, escúchanos en Ivoox. 

lunes, junio 19, 2017

Psicopatía infantil


Falta de empatía, de remordimientos, personalidades egocéntricas, con una afectividad limitada, falta de sinceridad y encanto superficial. Son rasgos de la psicopatía que, como trastorno de la personalidad que es, se supone debe ir formándose con los años. Pero ¿qué ocurre cuando encontramos esos síntomas de forma clara en niños, sin ningún trastorno mental aparente que se pueda asociar a ellos? No hablamos de menores, en sentido amplio, sino niños pequeños, a los que les gusta ver sufrir a los animales y que muestran un claro desprecio por las personas.

Algunos autores han señalado que esas características no son tan importantes como creemos cuando se dan en niños pequeños, ya que pueden ser aspectos normales de ciertas etapas del desarrollo, pero otros señalan que esos rasgos distintivos pueden acabar, precisamente, en un claro desarrollo de un trastorno de la personalidad como es la psicopatía. Cómo distinguir qué es normal y qué rebasa el límite es aún una cuestión muy discutida. Conocer qué es una travesura y qué una muestra de falta de empatía y remordimientos que se extenderá en el tiempo hasta su edad adulta es algo altamente difícil.

Así, si bien la psicopatía, como tal, manifestada en adultos ha sido ampliamente estudiada, el cómo identificar dicho problema en un niño presenta muchos más dilemas y muchos menos estudios. Incluso hay quien defiende que no se puede hablar propiamente de psicopatía infantil.

Sin embargo, se ha demostrado que esos rasgos que mencionábamos y que definirían a un psicópata, no aparecen de la nada cuando el niño se hace adulto, sino que comienzan a mostrarse incluso en edades muy tempranas.

Una empatía mal desarrollada a través del proceso de socialización, el gusto por torturar animales, o molestar a personas cercanas, la mentira por sistema y el uso de la manipulación, la falta de remordimientos o nerviosismo cuando mienten, son algunos síntomas que deberían dar que pensar cuando se muestren juntos en el niño y de forma persistente en el tiempo.

sábado, junio 10, 2017

¿Puede un niño tener instintos asesinos? El caso de Beth Thomas y el Petiso Orejudo


Niños asesinando a otros niños o maltratando animales sin remordimientos. Parece sacado de una película, pero ha ocurrido en la vida real más de una vez. 

En un documental de la BBC que mostraba las entrevistas que le hacía su terapeuta, una niña, Beth Thomas, de tan solo 6 años, contaba sin remordimientos que quería ver muertos a sus padres y a su hermano.

La historia de esta pequeña fue cruel desde el primer día. Su padre biológico abusó de ella cuando sólo tenía unos meses y su madre falleció cuando no tenía ni un año. Tenía 19 meses, y su hermano 7, cuando los servicios sociales los encontraron en estado de abandono y los dieron en adopción a Tom y Julie Tennant. Pero la vida de Beth ya estaba marcada para siempre.

Sus padres adoptivos descubrieron como la niña se comportaba de forma agresiva con su hermano y también con los animales, a los que torturaba. La pequeña era incapaz de establecer relaciones, carecía de empatía y no controlaba sus impulsos.

Los psicólogos le diagnosticaron un trastorno reactivo de la vinculación, un problema relacionado con el apego y la pusieron en tratamiento en una institución, en la que hicieron a la niña ser consciente de sus actos, aumentaron su autoestima, fomentaron hábitos y conductas sociales y aumentaron su capacidad para aceptar las normas y gestionar su ira.

Por suerte, es un caso de éxito. Tras mucho tiempo de terapia, Beth consiguió tener una vida normal.

No es el único caso documentado de este estilo. Y no todos han acabado en final feliz.

Muy famoso es el caso del llamado “Petiso Orejudo”, Cayetano Santos, que comenzó su carrera asesina con tan sólo 9 años

Este niño argentino acabó en 1906 con la vida de a una niña de tres años a la que raptó, intento estrangular sin éxito y posteriormente enterró viva. Era su primera muerte, pero no sus primeros intentos. Cuando tenía tan sólo 7 años golpeó a un niño de tan sólo dos años y lo arrojó a un montón de espinas, pero el niño tuvo la suerte de que un policía que pasaba por la zona vio lo sucedido y pudo detenerlo. Al año siguiente, con 8 años, golpeó a un bebé de 18 meses con una piedra en la cabeza hasta que fue detenido de nuevo.

Con 12 años intentó de nuevo asesinar a otros dos niños de dos años. Al primero trató de ahogarlo en la pileta de una bodega, pero fue descubierto. Y al segundo, le quemó los párpados con un cigarrillo hasta que la madre del niño se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo.

El año 1912, cuando contaba con 16 años fue el más negro de su carrera. Sumó hasta 7 víctimas. Tras ser detenido confesó cuatro homicidios y numerosas tentativas de asesinatos. El resto de su vida lo pasó en prisión hasta que falleció en 1944 en el penal de Ushuaia.

Dos casos muy distintos y con finales muy diferentes que demuestran que una buena intervención con niños que presentan ciertos rasgos preocupantes es esencial para evitar comportamientos violentos futuros.

Pero ambos casos tienen una pregunta en común. ¿Qué convierte a un niño tan pequeño en un ser tan cruel?

Escucha la historia completa en nuestro canal de Ivoox



domingo, mayo 21, 2017

El móvil del crimen

Conocer la motivación de un criminal no siempre es sencillo porque requiere trabajar con pruebas a la vez que con pensamientos y comportamientos del asesino. Cuando un delincuente premedita, planifica y lleva a cabo un plan de acción en su totalidad, suele ser más fácil descubrir cuál es su móvil y, desde ahí, llegar hasta él. Pero cuando el asesino es, lo que se suele llamar “desorganizado”, es más difícil porque, en la mayoría de las ocasiones, realiza sus acciones movido por una enfermedad mental o un trastorno de algún tipo.

La verdad es que no existe un criminal que sea puramente organizado o desorganizado, lo que dificulta ampliamente la labor de los investigadores.

La realidad es que ante algo tan complejo como determinar exactamente el móvil de un crimen es muy fácil equivocarse, desde alterar el escenario a no identificar bien un testigo, por ello los investigadores tienen claro que lo importante es minimizar dichas probabilidades de error para realizar un buen trabajo. Todo a base de una buena formación de los investigadores, pero también de la experiencia.

Lo más importante ante la noticia de un homicidio es no cometer errores que luego no se puedan recuperar. Cuidar bien el escenario, identificar aquellos testigos o personas que puedan tener información en un primer momento, y luego sobre todo es recopilar la máxima información en un periodo muy breve.


En este contexto, determinar el móvil es esencial  para concretar las circunstancias de las víctimas que pudiera ponerla en un lugar de riesgo. El móvil lleva a pensar qué tipo de autor se debe buscar y, además, orientará a la hora de dar los siguientes pasos en la investigación y poder avanzar en la buena dirección.