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domingo, febrero 25, 2018

Una historia de venenos

El veneno es un recurso muy utilizado en la historia criminal, de hecho, ha sido utilizado por el hombre desde el 4.500 a.C, con propósitos muy distintos: la caza, la medicina, incluso la tecnología ha hecho uso de los mismos para avanzar. Antes del Imperio Romano, el veneno solo se utilizaba para las presa de caza, pero fue en aquella época cuando ciertas personas comenzaron a aplicarlo para tomarse la venganza por su mano con los que ellos consideraban oponentes, fueran políticos, económicos o de cualquier clase. En concreto, los primeros envenenamientos de persona se registran en el 331 a.C.

En la Edad Media llegaron a considerarse estas prácticas como arte. Y también fue en aquella época cuando comenzaron a aparecer antídotos. Desde entonces, las toxinas utilizadas para acabar con vidas propia y ajenas han ido evolucionando.

Pero realicemos un rápido repaso por los venenos más utilizados:

Quizá el más conocido sea el arsénico, muy utilizado porque deja poco rastro y es extremadamente tóxico. La muerte más famosa por Arsénico es la de Napoleón Bonaparte, y aunque no se cita directamente, es también el veneno que aparece en la novela El Nombre De la Rosa, de Umberto Eco.

Pasamos a la toxina botulínica, una neurotoxina elaborada por una bacteria que produce el botulismo y, con ella, parálisis muscular progresiva, hasta la muerte. Sin embargo, como todo es cuestión de cantidades, lo más llamativo de esta toxina es que se utiliza para tratar ciertas enfermedades neurológicas que causan hiperactividad muscular.

El cianuro, utilizado por el asesino del Tylenol, es mas fácil de encontrar, porque forma parte de algunos microorganismos, insectos e incluso plantas, y esta presente de forma natural en almendras, nueces y castañas, además de en las semillas de algunas frutas, como los melocotones, las ciruelas o los albaricoques. Con la cantidad de cianuro equivalente a un sobre de azúcar se puede acabar con la vida de 200 personas.

No hay que olvidarse de la Ricina. las semillas de ricino son venenosas al contener una toxina llamada RCA que con tan solo un miligramo puede matar a una persona adulta. En 1978 el disidente búlgaro Georgi Markov murió a los cuatro días de ser atacado por un hombre con un paraguas, en el que escondía una pistola de aire comprimido con la que le disparó un proyectil de ricina. El perdigón no lo mató, pero sí el veneno, puesto que no existe antídoto.

Hay que hacer referencia al Polonio, un veneno radiactivo, del que poco habíamos oído hablar hasta el caso el ex espía ruso Alexander Litvinenko, antiguo miembro de los servicios de inteligencia rusos que fue envenenado en un hotel en pleno centro de Londres con polonio 210. Durante semanas estuvo ingresado sin que se pudiera hacer nada por él. El Polonio fue el primer elemento descubierto por Marie y Pierre Curie y es un material radiactivo que se produce de forma natural en bajas concentraciones en la corteza terrestre, por lo que es muy difícil de conseguir. Una vez ingerido, es muy difícil detectar su presencia en el organismo a tiempo, antes de que comience a causar daños en los tejidos, pues se extiende muy rápido.

Por último, esta la Tetrodoxina una sustancia que se encuentra en algunos animales marinos, el mas conocido de ellos el pez globo, capaz de matar en cuestión de minutos al producir insensibilidad nerviosa y parálisis muscular.

Si quieres saber más sobre venenos y descubrir quién fue el Asesino del Tylenol, te esperamos en el último capítulo de Sucesología, al que puedes acceder desde aquí.

miércoles, septiembre 20, 2017

Entomología forense

Si la escena del crimen es algo indispensable para la resolución de un caso, cada uno de los elementos que podamos encontrar en ella también lo son. Incluidos los seres vivos. Y no me refiero a posibles supervivientes, sino a aquellos que, en algunos casos, llegan a la escena del crimen antes que la Policía y pueden dar muchísimos datos: los insectos. 

Ellos son la base de la entomología forense, centrada precisamente en el estudio de insectos asociados a un cuerpo en descomposición, y ellos pueden ayudar a determinar la hora de la muerte, las causas y las circunstancias, dar a conocer si la víctima ha sido trasladada o si ha consumido alguna sustancia. En ciertos casos, los datos que aportan estos invertebrados son cruciales para la investigación.

El intervalo entre el momento de la muerte de la víctima y el hallazgo de los restos da lugar a la acumulación de insectos adultos y a larvas, en diferentes estados de desarrollo, que informa al entomólogo de cómo y donde se produjo la muerte, además de informarle a nivel toxicológico, es decir, si hay presencia de drogas, tóxicos, etcétera.


El primer documento conocido sobre el uso de esta técnica se remonta al siglo XIII y es nada menos que un manual de Medicina Legal chino que hace referencia a un caso de homicidio: Un labrador apareció degollado por una hoz y no había pistas que pudieran ayudar a señalar al culpable. Para lograr una solución, se hizo que los labradores de la zona depositasen sus hoces en el suelo al aire libre y se observó a cuál de ellas iban las moscas. Atraídas por los restos de sangre que, aunque no eran visibles, permanecían en la hoz, se pudo determinar que la elegida por los insectos era la hoz que había sido utilizada para cometer el crimen. 

Desde entonces, la entomología ha recorrido un largo camino hasta consolidarse como parte esencial en algunas investigaciones.  

lunes, septiembre 11, 2017

Buck Ruxton


Dos mujeres asesinadas y descuartizadas, abandonadas en un barranco en Escocia. Es lo único que tenía la policía. Eso y unos cuantos bichos que se habían acercado a la escena del crimen. Gracias a ellos, se resolvió el caso. Corría 1935 y se ponía de manifiesto la importancia de la entomología forense. Era la primera vez que se utilizaba esta técnica en Gran Bretaña.


Como siempre, comencemos desde el principio. En 1899 nacía en Bombay un chico que, lejos de otras trágicas historias que han vivido ciertos asesinos durante su niñez, disfrutó de una infancia tranquila y una educación completa. 

En 1922 se licenció en medicina y se especializó en cirugía. Tras un breve matrimonio en la India, viajó como médico a bordo de un navío, se trasladó a París y, finalmente, se mudó a Edimburgo. Allí comenzó a utilizar el nombre de Buck Ruxton con la intención de que nadie conociese su origen ni su pasado. 

Comenzó un noviazgo con una mujer casada que le siguió cuando se marchó a trabajar al sur de Inglaterra. A pesar de los inicios de aquella relación, fueron una pareja corriente y tuvieron tres hijos.

El 14 de septiembre de 1935, Isabella, la mujer de Ruxton, fue a visitar a sus hermanas y fue la última vez que se la vio con vida. 

A finales de ese mes, la policía encontró restos humanos en un barranco en Moffat, una localidad de Escocia y enseguida los relacionó con la mujer de Ruxton, que contaba con 34 años, y su niñera, de 20 años. 


Si quieres conocer la historia completa, escúchanos en Ivoox. 

sábado, junio 10, 2017

¿Puede un niño tener instintos asesinos? El caso de Beth Thomas y el Petiso Orejudo


Niños asesinando a otros niños o maltratando animales sin remordimientos. Parece sacado de una película, pero ha ocurrido en la vida real más de una vez. 

En un documental de la BBC que mostraba las entrevistas que le hacía su terapeuta, una niña, Beth Thomas, de tan solo 6 años, contaba sin remordimientos que quería ver muertos a sus padres y a su hermano.

La historia de esta pequeña fue cruel desde el primer día. Su padre biológico abusó de ella cuando sólo tenía unos meses y su madre falleció cuando no tenía ni un año. Tenía 19 meses, y su hermano 7, cuando los servicios sociales los encontraron en estado de abandono y los dieron en adopción a Tom y Julie Tennant. Pero la vida de Beth ya estaba marcada para siempre.

Sus padres adoptivos descubrieron como la niña se comportaba de forma agresiva con su hermano y también con los animales, a los que torturaba. La pequeña era incapaz de establecer relaciones, carecía de empatía y no controlaba sus impulsos.

Los psicólogos le diagnosticaron un trastorno reactivo de la vinculación, un problema relacionado con el apego y la pusieron en tratamiento en una institución, en la que hicieron a la niña ser consciente de sus actos, aumentaron su autoestima, fomentaron hábitos y conductas sociales y aumentaron su capacidad para aceptar las normas y gestionar su ira.

Por suerte, es un caso de éxito. Tras mucho tiempo de terapia, Beth consiguió tener una vida normal.

No es el único caso documentado de este estilo. Y no todos han acabado en final feliz.

Muy famoso es el caso del llamado “Petiso Orejudo”, Cayetano Santos, que comenzó su carrera asesina con tan sólo 9 años. 

Este niño argentino acabó en 1906 con la vida de a una niña de tres años a la que raptó, intento estrangular sin éxito y posteriormente enterró viva. Era su primera muerte, pero no sus primeros intentos. Cuando tenía tan sólo 7 años golpeó a un niño de tan sólo dos años y lo arrojó a un montón de espinas, pero el niño tuvo la suerte de que un policía que pasaba por la zona vio lo sucedido y pudo detenerlo. Al año siguiente, con 8 años, golpeó a un bebé de 18 meses con una piedra en la cabeza hasta que fue detenido de nuevo.

Con 12 años intentó de nuevo asesinar a otros dos niños de dos años. Al primero trató de ahogarlo en la pileta de una bodega, pero fue descubierto. Y al segundo, le quemó los párpados con un cigarrillo hasta que la madre del niño se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo.

El año 1912, cuando contaba con 16 años fue el más negro de su carrera. Sumó hasta 7 víctimas. Tras ser detenido confesó cuatro homicidios y numerosas tentativas de asesinatos. El resto de su vida lo pasó en prisión hasta que falleció en 1944 en el penal de Ushuaia.

Dos casos muy distintos y con finales muy diferentes que demuestran que una buena intervención con niños que presentan ciertos rasgos preocupantes es esencial para evitar comportamientos violentos futuros.

Pero ambos casos tienen una pregunta en común. ¿Qué convierte a un niño tan pequeño en un ser tan cruel?

Escucha la historia completa en nuestro canal de Ivoox



sábado, mayo 13, 2017

El Crimen de los Galindos

Sucesologia Podcast - Segunda Temporada - Capitulo 5
Corría el año 1975 cuando ocurrió en Sevilla, aquí en España, uno de los crímenes más sangrientos de los que recuerda nuestra crónica negra. Hablamos del Crimen de los Galindos, un misterio que, 20 años después, sigue sin resolver.

Viajamos hasta un 22 de julio en Paradas, en Sevilla y, en concreto, hasta un cortijo llamado “Los Galindos”, donde un día, cuando los trabajadores volvían de sus labores en el campo, se encontraron con un cruel espectáculo que no iban a olvidar fácilmente. Una columna de humo que salía del cobertizo les hizo apresurarse. Tras apagar el fuego, ven un rastro de sangre que les conduce desde el exterior hasta uno de los dormitorios. Allí aparece, en primer lugar, el cadáver de Juana Martín Macías, de 53 años, mujer del encargado del cortijo, que había sido golpeada en la cabeza.  Al salir de la casa, en una cuneta, encuentran la segunda víctima: Ramón Parrilla González, de 40 años, con los brazos destrozados, quizá por haber intentado defenderse de los disparos de escopeta que fueron directos al corazón. Tras volver al cobertizo, calcinados, aparece un matrimonio: Asunción Peralta Montera, de 34 años y, José González, tractorista de la finca. 

El capataz de la finca y principal sospechoso inicial de las investigaciones, se encontraba en paradero desconocido. Tres días después, fue encontrado, también sin vida, con la cabeza destrozada a golpes y cubierto de paja. Nadie sabe si estuvo allí escondido desde el principio, o si alguien lo movió después de que se encontraran a los otros cuatro. Con él se acababan las pistas.

Cinco muertes en un pueblo que no llegaba a los 8.000 habitantes.

Varios errores en las investigaciones y las diligencias iniciales terminaron de convertir aquel caso en un  imposible. Se llegaron a hacer exhumaciones de los cadáveres para realizar segundas autopsitas, pero de nada sirvió.

Entre las hipótesis, se barajaban motivos pasionales, reyertas, tráfico de drogas, e incluso llegó a investigarse el origen militar de alguno de ellos, haciendo que el caso fuese reabierto en cuatro ocasiones.

Las últimas investigaciones concluyeron que los crímenes habían sido llevados a cabo por dos personas como mínimo, sin vinculación aparente con la finca. Entre las nuevas hipótesis, aparecieron las sospechas de que “personas influyentes” estaban ayudando a paralizar la investigación., ya que, al parecer, se había celebrado allí, antes del crimen, una reunión militar secreta.

Pero una vez más, todo eran suposiciones.

Trece años después de aquellas cinco muertes, en 1988, el caso es definitivamente cerrado. El sumario, que llegó a sumar 1.300 folios, que se archivaba en Marchena, se extravió en un traslado de los juzgados de aquella localidad a Sevilla. Más misterio que se suma a este caso, ya de por sí enrevesado.


Qué fue casualidad y qué no es una cuestión que se quedará sin solucionar, porque los homicidios prescribieron en 1995, sin que hayamos podido despejar las incógnitas sobre este sangriento capítulo. 

Escucha todos los detalles de este caso y mucho más en el podcast del mes de Mayo de Sucesología desde aquí. 

lunes, abril 10, 2017

El Monstruo de Florencia

Los medios de comunicación se apresuraron a ponerle un nombre para intentar personificar el horror que se estaba viviendo en sus calles, donde se cometieron 16 asesinatos entre 1968 y 1985.

Florencia, en Italia, fue el escenario de aquellos 8 actos criminales en los que se mataron personas de dos en dos, siempre con el mismo modus operandi: un disparo y puñaladas posteriores. El lugar nunca fue el mismo, cada uno de aquellos 8 asesinatos dobles tuvo su propio escenario. El arma si fue la misma, aunque quizá la puntería de su porteador dejaba mucho que desear. Se encontraron en total 66 proyectiles en las 8 escenas del crimen.  

La investigación se prolongó casi 10 años, en los que se interrogaron miles de sospechosos. Todo parecía tan retorcido y tan difícil de atar que se llegó a pensar que había más de un culpable y que todos ellos pertenecían a una secta satánica, o que habían sido contratados por una. Muchas teorías que siguió la policía en sus investigaciones llevaban a esa idea, de hecho, pero ni siquiera así fue posible descubrir a los autores. El monstruo era como un fantasma.

Durante aquella época, Florencia vivió un aumento de los delitos de sangre, sin móviles aparentes, ni rastro de organizaciones delictivas o mafiosas. Hay quien llegó a plantear la posibilidad de que el Monstruo de Florencia no sólo estuviese llevando a cabo aquellos asesinatos rituales, sino que, como una forma de despistar, llevaba a cabo otras muertes con diferentes modos de proceder. Pero nada podía relacionar todos aquellos crímenes que se cometieron en Florencia durante casi dos décadas. El único denominador común fue la crueldad y la forma sigilosa de actuar.

El abogado de Pietro Pacciani, el principal sospechoso, anunció la publicación de un libro en el que aseguraba explicar “toda la verdad” sobre el caso. Fue él quien reforzó la idea de que las muertes habían sido ordenadas por los miembros de una secta satánica, que utilizaba los órganos de las víctimas para sus macabros rituales.

En el año 2001 el caso se volvió a retomar para sorpresa de muchos, pues al parecer, aparecieron nuevas pistas que se encaminaban a recuperar aquella teoría de la secta. 
Pero la realidad es que a día de hoy, casi 50 años después, el caso sigue sin resolverse.

Si quieres conocer más detalles sobre este caso, pásate por nuestro podcast de este mes desde aquí. 

domingo, marzo 19, 2017

H.H. Holmes: el artífice del hotel del terror

Si nombramos al Dr. Holmes, todos pensamos en el detective, el personaje de las novelas de Arthur Conan Doyle, pero existió otro Dr. Holmes, la antítesis del detective de ficción, dedicado a la criminalidad en cuerpo y alma y real.

Se trata de Henry Howard Holmes, nacido en 1861, un niño solitario que pronto demostró que era un psicópata de libro. Después de una larga historia de estafas, fraudes y matrimonios por conveniencia, tras acabar la carrera de medicina, Holmes se trasladó a Chicago, donde comenzaron sus asesinatos. Pero no lo hizo de cualquier forma: se hizo construir un hotel con aspecto de fortaleza medieval o, mejor dicho, una mansión del terror, con una  disposición interior tan extraña, que cada poco tiempo despedía a la empresa que estaba realizando las obras y contrataba otra, con la finalidad de que ninguna de ellas supiese, en realidad, qué estaba construyendo. Trampas, laberintos, puertas correderas, pasillos secretos, ventanillas ocultas, cámaras de gas, y hasta salas de tortura. Aquel hotel tenía todos los detalles para ser una auténtica mansión de la muerte.

Holmes tenía en cuenta que en poco tiempo, en 1893, se inauguraría la Exposición Universal en Chicago, un evento que iba a atraer a muchísima gente. En 1892, el hotel estaba finalizado y listo para recibir a sus víctimas. Durante los seis meses que duró la Exposición, el hotel estuvo siempre lleno. Nadie sabe a ciencia cierta a cuanta gente asesinó en ese periodo, pero los investigadores señalan que pudieron ser unas 200. 

Cuando los ingresos del hotel cayeron en picado, Holmes decidió quemar el último piso del hotel para cobrar el seguro. Lo que quizá no esperaba fue que la aseguradora lo viese sospechoso e iniciase una investigación. Cuando nuestro protagonista se dio cuenta de que podía ser descubierto, huyó a Texas, donde continuó realizando estafas. Fueron estas últimas las que lo llevaron a la cárcel por primera vez, aunque al no haber delitos mayores conocidos, salió a los pocos meses bajo fianza. Pero incluso la prisión le sirvió a Holmes para continuar sus operaciones delictivas. 

Tras asesinar a una familia completa para estafar a su seguro, las sospechas empezaron a ceñirse sobre él y la policía decidió ampliar el campo de búsqueda al hotel de Holmes, donde descubrieron los restos de la masacre que había llevado a cabo. 

Si quieres conocer la historia completa, no olvides escuchar nuestro podcast: http://www.ivoox.com/17354561

sábado, febrero 11, 2017

Unabomber: el genio que quería ser terrorista

Todos lo calificaban de genio y coincidían en que poseía casi una mente maravillosa, pero un día, decidió separarse de la civilización, del desarrollo tecnológico y su protesta fue más allá de una simple decisión personal. Theodore John Kackynski fue, durante años, el terrorista más buscado de Estados Unidos. Un hombre que pudo haber llegado donde hubiese querido, decidió luchar contra todo, a base de cartas bomba.

Kackynski, bautizado por los medios de comunicación como Unabomber, nació en Chicago en 1942. Con tan sólo 16 años, debido a su alto cociente intelectual, ingresó en la Universidad de Harvard, donde se graduó y obtuvo el doctorado en matemáticas sobre el análisis complejo de la teoría de funciones geométricas por la Universidad de Michigan. Con tan solo 25 años ya daba clases en la Universidad de California. Pero su rápida carrera ascendente se detuvo tan solo dos años después cuando, sin razón aparente, presentó su dimisión y decidió vivir alejado de la civilización.

Su voluntad de aislamiento llegó a tal punto que en 1971 se construyó una cabaña alejada de todo en Montana y se fue a vivir allí, sin luz, sin agua y sin conexión con la civilización. Vivía de la caza y aprendió técnicas de supervivencia. Desde su pequeña guarida comenzó una nueva carrera, esta vez delictiva: Entre 1978 y 1995, envió un total de 16 bombas, acabando con la vida de 3 personas e hiriendo a más de 20.

Su sobrenombre, Unabomber, viene de “University and Airline Bomber” (Terorista de Univesidades y Aerolíneas), pues estos fueron sus principales objetivos durante nada menos que 17 años. Durante ese tiempo, el FBI se enfrentó a una de las investigaciones más difíciles de su historia, pues parecía imposible determinar la identidad o el paradero real de Unabomber.

Para justificar sus actos, Unabomber se basaba en su crítica a la sociedad moderna, totalmente basada en la tecnología, tal y como plasmó en varios escritos firmados con el nombre de Freedom Club (El Club de la libertad). De hecho, en 1995, dos días después de su último atentado,  envió una carta (una sin explosivos) al New York Times, asegurando que acabaría con sus atentados si el periódico publicaba su manifiesto. En el mes de septiembre de aquel año, tanto el New York Times como el Washington Post publicaron aquel documento bajo el título “La sociedad industrial y su futuro”, aunque fue más conocido popularmente como “el manifiesto de Unabomber”.

Curiosamente, fue esa publicación la que sentenció su fin como terrorista, después de 18 años teniendo en jaque al FBI,

Si quieres conocer la historia completa, puedes escucharla entrando en nuestro canal de Ivoox desde aquí. 

domingo, enero 15, 2017

Al Capone

Se llamaba Alphonse Gabriel Capone, pero la historia lo recuerda como Al Capone, o como Caracortada (Scarface, en inglés), un apodo que se ganó por tener una cicatriz en la cara provocada por una navaja. Con esa imagen, ya podemos hacernos una idea de cómo era Al Capone, cuál era su estilo de vida. 

Pero no fueron las balas, ni un puñal, ni el veneno lo que acabó con él. Como capo de la mafia, tuvo muchísimos enemigos, sin embargo, durante toda su vida, gestionó astutamente las amenazas y consiguió salir airoso. De quien no pudo escapar fue de la sífilis, enfermedad que había contraído durante su juventud y que terminó por acabar con su vida. El matiz es que esta enfermedad le causó la muerte porque nuestro protagonista se negó a ponerse la medicación por miedo a las agujas.

Aunque en su tarjeta de visita dijera que se dedicaba a las antigüedades, la realidad es que a finales de los años 20, su nombre ya estaba en la lista de los más buscados del FBI. Y no precisamente por vender objetos antiguos. El tráfico ilegal de bebidas alcohólicas y las salas de juego le dieron muchas alegrías a Capone, quien se calcula que sobre 1927 tenía una fortuna de cerca de 100 millones de dólares, pero eso no evitó que, con la abolición de la ley seca una gran parte del imperio del gánster se debilitara. 

Tampoco en lo personal corrió mucha mejor suerte. Capone comenzó a mostrar signos de demencia consecuencia de la sífilis que arrastraba ya muchos años. Sus últimos años de cárcel los pasó en un hospital, hasta que en 1939 se le concedió la libertad condicional. Para entonces, estaba arruinado y en su peor momento. 

¿Quieres conocer la historia completa del gánster más famoso del siglo XX? Accede al primer podcast de la segunda temporada de Sucesología desde la imagen: 


jueves, mayo 12, 2016

La televisión y los Crímenes de Alcasser

Los medios de comunicación y los sucesos han mantenido siempre una relación de amor odio que se acentúa con fuerza cuando se pisa la línea que separa la información del sensacionalismo. En este país, un suceso que marcó un antes y un después en esa relación fueron los crímenes de Alcasser.

El 13 de noviembre de 1992 desaparecieron en el municipio valenciano de Alcasser tres niñas de 14 y 15 años, Miriam, Toñi y Desiré. Las tres jóvenes iban camino a una discoteca en Picassent y decidieron llegar hasta allí haciendo autostop, pero nunca llegaron a su destino. Desde el primero momento, los medios de comunicación estuvieron encima del caso y durante 75 días, se cultivó la ansiedad y la desesperación por tener noticias sobre la desaparición. 

El 27 de enero de 1993, unos apicultores encontraron los cadáveres de las tres niñas semienterradas, cerca del pantano de Tous. Aquel proceso de espera desembocó en un tratamiento informativo que ahondaba en los aspectos más dolorosos del caso. El mismo día que se conoció el triste final de las niñas, se entrevistó a familiares, prácticamente en el escenario del crimen, se preguntó por televisión a los testigos en directo y se ahondó en el dramatismo y el dolor del momento, explotando los momentos en los que a una familia se le destrozaba el corazón. Tanto, que se llegó a mostrar imágenes del colchón donde supuestamente habían sido torturadas. De repente, la televisión le hacía el juego al sensacionalismo mostrando familias rotas, personas pidiendo que se instaurara la pena de muerte e incluso fotografías de las tres niñas ya fallecidas. La especulación se instauró como regla general entre lo que tenía que haber sido información de un caso suficientemente cruel como para necesitar rumores.

Pero ese periodismo basura no sólo fue cosa de la televisión. Todos los medios de comunicación se habían subido a un carro muy peligroso para la información con rigor, donde predominaba el sensacionalismo y el morbo. La complicidad que existía, hasta ese momento, entre periodistas, policía, médicos forenses, y demás implicados, se rompió en pedazos.

La policía dio con los culpables, que eran dos jóvenes de 26 y 23 años: Antonio Anglés, quien nunca apareció y, de hecho a día de hoy continúa en paradero desconocido, y Miguel Ricard. Por supuesto, el juicio de Ricard fue un espectáculo.  Se explotaron los aspectos más crueles de su confesión, e incluso se llegó a barajar, sin ningún tipo de argumento, que las niñas habían sido víctimas de una película snaf.
Un periódico ya desaparecido llegó a publicar una entrevista con Antonio Anglés, al que la policía seguía buscando. Entrevista que resultó ser falsa.

El tratamiento informativo que tuvo este caso en concreto, tuvo tanta trascendencia que, cuando finalizó la vorágine "informativa", el Instituto de Radio Televisión publicó un código deontológico sobre cómo informar de hechos así. Sin embargo, después de este triste caso hemos visto otros ejemplos de malos tratamientos informativos, porque es difícil luchar contra quien busca audiencia a cualquier precio.

Si quieres saber más sobre el tratamiento que los medios de comunicación en España le dieron a los Crímenes de Alcasser, y escuchar además, una entrevista a Beatriz de Vicente, abogada y criminóloga, sobre la crónica negra en este país, pásate por el podcast de esta semana: http://www.ivoox.com/11452911