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domingo, febrero 25, 2018

Una historia de venenos

El veneno es un recurso muy utilizado en la historia criminal, de hecho, ha sido utilizado por el hombre desde el 4.500 a.C, con propósitos muy distintos: la caza, la medicina, incluso la tecnología ha hecho uso de los mismos para avanzar. Antes del Imperio Romano, el veneno solo se utilizaba para las presa de caza, pero fue en aquella época cuando ciertas personas comenzaron a aplicarlo para tomarse la venganza por su mano con los que ellos consideraban oponentes, fueran políticos, económicos o de cualquier clase. En concreto, los primeros envenenamientos de persona se registran en el 331 a.C.

En la Edad Media llegaron a considerarse estas prácticas como arte. Y también fue en aquella época cuando comenzaron a aparecer antídotos. Desde entonces, las toxinas utilizadas para acabar con vidas propia y ajenas han ido evolucionando.

Pero realicemos un rápido repaso por los venenos más utilizados:

Quizá el más conocido sea el arsénico, muy utilizado porque deja poco rastro y es extremadamente tóxico. La muerte más famosa por Arsénico es la de Napoleón Bonaparte, y aunque no se cita directamente, es también el veneno que aparece en la novela El Nombre De la Rosa, de Umberto Eco.

Pasamos a la toxina botulínica, una neurotoxina elaborada por una bacteria que produce el botulismo y, con ella, parálisis muscular progresiva, hasta la muerte. Sin embargo, como todo es cuestión de cantidades, lo más llamativo de esta toxina es que se utiliza para tratar ciertas enfermedades neurológicas que causan hiperactividad muscular.

El cianuro, utilizado por el asesino del Tylenol, es mas fácil de encontrar, porque forma parte de algunos microorganismos, insectos e incluso plantas, y esta presente de forma natural en almendras, nueces y castañas, además de en las semillas de algunas frutas, como los melocotones, las ciruelas o los albaricoques. Con la cantidad de cianuro equivalente a un sobre de azúcar se puede acabar con la vida de 200 personas.

No hay que olvidarse de la Ricina. las semillas de ricino son venenosas al contener una toxina llamada RCA que con tan solo un miligramo puede matar a una persona adulta. En 1978 el disidente búlgaro Georgi Markov murió a los cuatro días de ser atacado por un hombre con un paraguas, en el que escondía una pistola de aire comprimido con la que le disparó un proyectil de ricina. El perdigón no lo mató, pero sí el veneno, puesto que no existe antídoto.

Hay que hacer referencia al Polonio, un veneno radiactivo, del que poco habíamos oído hablar hasta el caso el ex espía ruso Alexander Litvinenko, antiguo miembro de los servicios de inteligencia rusos que fue envenenado en un hotel en pleno centro de Londres con polonio 210. Durante semanas estuvo ingresado sin que se pudiera hacer nada por él. El Polonio fue el primer elemento descubierto por Marie y Pierre Curie y es un material radiactivo que se produce de forma natural en bajas concentraciones en la corteza terrestre, por lo que es muy difícil de conseguir. Una vez ingerido, es muy difícil detectar su presencia en el organismo a tiempo, antes de que comience a causar daños en los tejidos, pues se extiende muy rápido.

Por último, esta la Tetrodoxina una sustancia que se encuentra en algunos animales marinos, el mas conocido de ellos el pez globo, capaz de matar en cuestión de minutos al producir insensibilidad nerviosa y parálisis muscular.

Si quieres saber más sobre venenos y descubrir quién fue el Asesino del Tylenol, te esperamos en el último capítulo de Sucesología, al que puedes acceder desde aquí.

sábado, junio 10, 2017

¿Puede un niño tener instintos asesinos? El caso de Beth Thomas y el Petiso Orejudo


Niños asesinando a otros niños o maltratando animales sin remordimientos. Parece sacado de una película, pero ha ocurrido en la vida real más de una vez. 

En un documental de la BBC que mostraba las entrevistas que le hacía su terapeuta, una niña, Beth Thomas, de tan solo 6 años, contaba sin remordimientos que quería ver muertos a sus padres y a su hermano.

La historia de esta pequeña fue cruel desde el primer día. Su padre biológico abusó de ella cuando sólo tenía unos meses y su madre falleció cuando no tenía ni un año. Tenía 19 meses, y su hermano 7, cuando los servicios sociales los encontraron en estado de abandono y los dieron en adopción a Tom y Julie Tennant. Pero la vida de Beth ya estaba marcada para siempre.

Sus padres adoptivos descubrieron como la niña se comportaba de forma agresiva con su hermano y también con los animales, a los que torturaba. La pequeña era incapaz de establecer relaciones, carecía de empatía y no controlaba sus impulsos.

Los psicólogos le diagnosticaron un trastorno reactivo de la vinculación, un problema relacionado con el apego y la pusieron en tratamiento en una institución, en la que hicieron a la niña ser consciente de sus actos, aumentaron su autoestima, fomentaron hábitos y conductas sociales y aumentaron su capacidad para aceptar las normas y gestionar su ira.

Por suerte, es un caso de éxito. Tras mucho tiempo de terapia, Beth consiguió tener una vida normal.

No es el único caso documentado de este estilo. Y no todos han acabado en final feliz.

Muy famoso es el caso del llamado “Petiso Orejudo”, Cayetano Santos, que comenzó su carrera asesina con tan sólo 9 años

Este niño argentino acabó en 1906 con la vida de a una niña de tres años a la que raptó, intento estrangular sin éxito y posteriormente enterró viva. Era su primera muerte, pero no sus primeros intentos. Cuando tenía tan sólo 7 años golpeó a un niño de tan sólo dos años y lo arrojó a un montón de espinas, pero el niño tuvo la suerte de que un policía que pasaba por la zona vio lo sucedido y pudo detenerlo. Al año siguiente, con 8 años, golpeó a un bebé de 18 meses con una piedra en la cabeza hasta que fue detenido de nuevo.

Con 12 años intentó de nuevo asesinar a otros dos niños de dos años. Al primero trató de ahogarlo en la pileta de una bodega, pero fue descubierto. Y al segundo, le quemó los párpados con un cigarrillo hasta que la madre del niño se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo.

El año 1912, cuando contaba con 16 años fue el más negro de su carrera. Sumó hasta 7 víctimas. Tras ser detenido confesó cuatro homicidios y numerosas tentativas de asesinatos. El resto de su vida lo pasó en prisión hasta que falleció en 1944 en el penal de Ushuaia.

Dos casos muy distintos y con finales muy diferentes que demuestran que una buena intervención con niños que presentan ciertos rasgos preocupantes es esencial para evitar comportamientos violentos futuros.

Pero ambos casos tienen una pregunta en común. ¿Qué convierte a un niño tan pequeño en un ser tan cruel?

Escucha la historia completa en nuestro canal de Ivoox



lunes, abril 10, 2017

El Monstruo de Florencia

Los medios de comunicación se apresuraron a ponerle un nombre para intentar personificar el horror que se estaba viviendo en sus calles, donde se cometieron 16 asesinatos entre 1968 y 1985.

Florencia, en Italia, fue el escenario de aquellos 8 actos criminales en los que se mataron personas de dos en dos, siempre con el mismo modus operandi: un disparo y puñaladas posteriores. El lugar nunca fue el mismo, cada uno de aquellos 8 asesinatos dobles tuvo su propio escenario. El arma si fue la misma, aunque quizá la puntería de su porteador dejaba mucho que desear. Se encontraron en total 66 proyectiles en las 8 escenas del crimen.  

La investigación se prolongó casi 10 años, en los que se interrogaron miles de sospechosos. Todo parecía tan retorcido y tan difícil de atar que se llegó a pensar que había más de un culpable y que todos ellos pertenecían a una secta satánica, o que habían sido contratados por una. Muchas teorías que siguió la policía en sus investigaciones llevaban a esa idea, de hecho, pero ni siquiera así fue posible descubrir a los autores. El monstruo era como un fantasma.

Durante aquella época, Florencia vivió un aumento de los delitos de sangre, sin móviles aparentes, ni rastro de organizaciones delictivas o mafiosas. Hay quien llegó a plantear la posibilidad de que el Monstruo de Florencia no sólo estuviese llevando a cabo aquellos asesinatos rituales, sino que, como una forma de despistar, llevaba a cabo otras muertes con diferentes modos de proceder. Pero nada podía relacionar todos aquellos crímenes que se cometieron en Florencia durante casi dos décadas. El único denominador común fue la crueldad y la forma sigilosa de actuar.

El abogado de Pietro Pacciani, el principal sospechoso, anunció la publicación de un libro en el que aseguraba explicar “toda la verdad” sobre el caso. Fue él quien reforzó la idea de que las muertes habían sido ordenadas por los miembros de una secta satánica, que utilizaba los órganos de las víctimas para sus macabros rituales.

En el año 2001 el caso se volvió a retomar para sorpresa de muchos, pues al parecer, aparecieron nuevas pistas que se encaminaban a recuperar aquella teoría de la secta. 
Pero la realidad es que a día de hoy, casi 50 años después, el caso sigue sin resolverse.

Si quieres conocer más detalles sobre este caso, pásate por nuestro podcast de este mes desde aquí

domingo, marzo 26, 2017

La escena del crimen

Tanto para la criminología como para la criminalística, la escena del crimen es una parte esencial para cualquier investigación, porque en muchos casos, es el punto de partida y en otros, es el único punto que tenemos. 

Hablando en términos cirminológicos, se considera escena del crimen todo lugar donde haya actuado un agresor, donde se pueden realizar análisis forenses, reconstrucción de los hechos, se puede estudiar incluso a la víctima y se puede analizar el comportamiento del agresor en base a las huellas, físicas y psicológicas, que haya dejado en el escenario. Cada escena del crimen es distinta a otra. Por tanto, cuando se comete un delito y, sobre todo en los casos en los que hay víctimas mortales, se realiza un proceso concreto en torno a dichos escenarios del crimen, que, de forma resumida, son:
  • En primer lugar, entra en acción la policía científica y los forenses, que estudian el lugar analizando las evidencias físicas.
  • En segundo lugar, se estudian las evidencias conductuales, es decir, las huellas del comportamiento que pueden observarse en el escenario del crimen.
  • Y en tercer lugar, si fuera necesario, se emplearían otros métodos partiendo de todas esas evidencias, como son los perfiles criminales, los perfiles de las víctimas o el perfil geográfico. Con todo ello, se puede obtener un buen perfil criminológico para identificar al autor de los hechos o descubrir los hechos reales. 

Pero la escena del crimen no tiene por qué ser un sitio interior, sino que puede tener características muy distintas: puede estar al aire libre, ser un vehículo, o incluso estar bajo el agua. Por tanto, las características de cada uno de esos lugares también influirán sobre la investigación.

Además, hay que tener en cuenta que puede haber más de una escena del crimen, incluso para un mismo delito.
  • En primer lugar, existe un punto de contacto, lugar en el que el delincuente se aproximó o atacó a su víctima y que, por tanto, hay que tener en cuenta.
  • En segundo lugar, habría una escena primaria, donde el delincuente lleva a cabo la mayor parte del ataque y, por tanto, donde hay un mayor número de evidencias físicas.
  • En tercer lugar, tendríamos una escena secundaria, donde se lleva a cabo alguna interacción, pero no de forma relevante. Es decir, hay que tenerla en cuenta, porque en todas estas partes habrá evidencias, pero no es dónde más pruebas se encontrarán.
  • En cuarto lugar, existe una escena intermedia, considerada como tal cualquier lugar entre la escena primaria y el lugar del abandono de la víctima, que sería la última clase de escena del crimen con el que nos encontraríamos.


A veces esas escenas pueden coincidir, pero a la hora de investigar, hay que tenerlas todas en cuenta para no dejar ningún hilo sin atar. 

domingo, marzo 19, 2017

H.H. Holmes: el artífice del hotel del terror

Si nombramos al Dr. Holmes, todos pensamos en el detective, el personaje de las novelas de Arthur Conan Doyle, pero existió otro Dr. Holmes, la antítesis del detective de ficción, dedicado a la criminalidad en cuerpo y alma y real.

Se trata de Henry Howard Holmes, nacido en 1861, un niño solitario que pronto demostró que era un psicópata de libro. Después de una larga historia de estafas, fraudes y matrimonios por conveniencia, tras acabar la carrera de medicina, Holmes se trasladó a Chicago, donde comenzaron sus asesinatos. Pero no lo hizo de cualquier forma: se hizo construir un hotel con aspecto de fortaleza medieval o, mejor dicho, una mansión del terror, con una  disposición interior tan extraña, que cada poco tiempo despedía a la empresa que estaba realizando las obras y contrataba otra, con la finalidad de que ninguna de ellas supiese, en realidad, qué estaba construyendo. Trampas, laberintos, puertas correderas, pasillos secretos, ventanillas ocultas, cámaras de gas, y hasta salas de tortura. Aquel hotel tenía todos los detalles para ser una auténtica mansión de la muerte.

Holmes tenía en cuenta que en poco tiempo, en 1893, se inauguraría la Exposición Universal en Chicago, un evento que iba a atraer a muchísima gente. En 1892, el hotel estaba finalizado y listo para recibir a sus víctimas. Durante los seis meses que duró la Exposición, el hotel estuvo siempre lleno. Nadie sabe a ciencia cierta a cuanta gente asesinó en ese periodo, pero los investigadores señalan que pudieron ser unas 200

Cuando los ingresos del hotel cayeron en picado, Holmes decidió quemar el último piso del hotel para cobrar el seguro. Lo que quizá no esperaba fue que la aseguradora lo viese sospechoso e iniciase una investigación. Cuando nuestro protagonista se dio cuenta de que podía ser descubierto, huyó a Texas, donde continuó realizando estafas. Fueron estas últimas las que lo llevaron a la cárcel por primera vez, aunque al no haber delitos mayores conocidos, salió a los pocos meses bajo fianza. Pero incluso la prisión le sirvió a Holmes para continuar sus operaciones delictivas. 

Tras asesinar a una familia completa para estafar a su seguro, las sospechas empezaron a ceñirse sobre él y la policía decidió ampliar el campo de búsqueda al hotel de Holmes, donde descubrieron los restos de la masacre que había llevado a cabo. 

Si quieres conocer la historia completa, no olvides escuchar nuestro podcast: http://www.ivoox.com/17354561

domingo, junio 26, 2016

Doctor Muerte

Harold Frederick Shipman, el Doctor Muerte.
 
Se considera que el mismo año que se licenció, en 1970, comenzó a trabajar y comenzó a matar. Pero sus asesinatos eran silenciosos. La mayoría de sus víctimas eran y siguieron siendo hasta que fue detenido, mujeres mayores de 75 años con graves problemas de salud que eran pacientes suyas.

En 1975 fue detenido por primera vez, pero no fue por estos sucesos, sino por falsificar documentos para obtener Petidina, un narcótico analgésico del que hacía uso propio y al que estaba enganchado.

Fue en 1977 cuando comenzó a trabajar en Hyde, al noroeste de Inglaterra y su carrera criminal cogió fuerza, pero nadie se percató de sus prácticas asesinas hasta que en 1998 la doctora Linda Reynolds empezó a sospechar del alto índice de mortalidad que había en el centro médico, unido al aumento de incineraciones a mujeres mayores que se estaban realizando en el propio hospital, todas ellas pacientes de Shipman. La doctora aseguraba que este médico estaba matando a sus pacientes, aunque aseguro no estar segura de si era negligencia o intencional. No obstante, denunció la situación y la policía comenzó las investigaciones. El caso era muy sospechoso, pero no lograron encontrar pruebas suficientes y abandonaron el caso.

Sin embargo, como suele ocurrir, el Doctor Muerte cometió un error con su última víctima. Hathleen Grundy, anciana de 81 años con buena salud falleció en junio de 1998 en su casa, tras la visita del doctor. La última voluntad de la mujer, según informó su abogado a la hija de la anciana, fue desheredarla, a ella y a sus nietos, y dejarle toda su fortuna, más de 75 millones de pesetas, a Harold Shipman. Pero la supuesta carta de la mujer se había escrito a máquina y su hija estaba segura de que su madre no tenía máquina de escribir ni sabía utilizarla. Por ello, denunció el suceso y la policía, que estaba esperando nuevas pruebas como agua de mayo, reabrió la investigación contra el doctor Muerte. La autopsia de la mujer señaló restos de morfina.  En un registro a la casa del médico, se encontró la máquina de escribir que había sido utilizada para falsificar el documento de la herencia. Tras ello, se exhumaron un total de 12 cadáveres cuya muerte era sospechosa y la cual había sido certificada por Shipman. En todos ellos, se encontraron rastros de morfina en una cantidad suficiente como para provocar una sobredosis. Las investigaciones continuaron, ahora sí, con pruebas más que suficientes, y en 1999 comenzó el juicio por un total de 15 muertes, producidas entre 1995 y 1998.

En 2000, Harold Shipman fue condenado a 15 cadenas perpetuas consecutivas, lo que significaba no salir de la cárcel. La policía, sin embargo, continuó las investigaciones por muertes certificadas por Shipman entre 1975 y 1998 en cuatro centros médicos diferentes.

La realidad es que, durante su carrera, más de 880 pacientes suyos fallecieron, de lo que él mismo certificó 521 muertes, la gran mayoría personas mayores con problemas de salud, lo que hace muy difícil determinar quienes fallecieron realmente por causas naturales y quienes, por la mano del Doctor Muerte.

domingo, junio 05, 2016

El periodista y el asesino

Jeffrey MacDonald fue condenado a cadena perpetua por el asesinato de su mujer y sus dos hijas en 1979. Para demostrar su inocencia, contrató a un escritor y periodista, Joe McGinniss, para que contase su historia. Tras cuatro años de trabajo, el libro vio la luz, pero en él se presentaba al preso como un psicópata asesino. Algo bastante lejos de lo que se esperaba.

Jeffrey McDonald denunció entonces al escritor, no por falta de veracidad, curiosamente, sino porincumplimiento de contrato. En ese punto, aJanet Malcom, quien hizo un seguimiento de ese proceso y escribió un libro sobre la historia: El periodista y el Asesino.
parece la periodista

Bienvenidos al metaperiodismo.

El periodista y el asesino, de Janet  Malcom, es un texto que, además de recorrer el proceso de la demanda del preso contra el periodista, es una autocrítica hacia el periodismo que escandalizó a muchos y que hizo asentir con la cabeza a otros mientras pasaban las páginas del relato.

No es la primera vez que ponemos de manifiesto que la criminología y el periodismo han mantenido desde el principio y continúan manteniendo una relación de amor- odio que daría para mucho. Los medios pueden dar visibilidad a un problema social, pero también pueden desarrollar en la ciudadanía una percepción inexacta de la realidad delictiva que provoque miedos e incertidumbres sobre su propia seguridad. Pero, ¿qué ocurre cuando un periodista, que sabe de qué habla, que sabe lo que hace, se olvida de la ética y miente a una persona para sacar la versión que será económicamente más rentable para él? ¿Qué pasa cuando se hace periodismo con fines mercantilistas y no informativos?

Eso es precisamente lo que narra Janet Malcom. Su obra, que originalmente fue publicada por entregas en The New Yorker, se ha convertido en un libro casi obligado para muchos periodistas.

Afirma esta autora que “todo periodista que no sea tan estúpido como para no ver la realidad sabe que lo que hace es moralmente indefendible”. Y es verdad que el periodismo nació de la necesidad del público por conocer algo más de lo que se da siempre oficialmente, de la demanda de un análisis de los hechos a los que un ciudadano medio no puede llegar fácilmente. Ocurrió en las múltiples guerras que ha habido, en las catástrofes naturales que han acaecido, pero ocurre también en las pequeñas cosas, en los casos diarios sobre los que el público quiere conocer un poco más, pero son demasiado complejos y necesitan una explicación. Sin embargo, la excusa de tener que dar a conocer unos hechos no puede ser el escudo para justificar todas y cada una de las acciones de un periodista.

La idea del abogado de Jeffrey MacDonald, tal y como se cuenta en El periodista y el Asesino, es que el libro que han encargado aporte “una considerable porción del dinero necesario para pagar la defensa” del acusado. A partir de ahí, cualquier noción de ética periodística carece de sentido.

La verdad ha de ser la máxima para cualquier periodista, pero ¿habría conseguido McGinniss la verdad diciéndole a MacDonald que lo consideraba un asesino? ¿Habría confiado MacDonald en él? Obviamente no. A nadie le gusta que lo retraten de asesino, ni siquiera siéndolo.  Sin embargo, sus medios son cuestionables, como mínimo, y sobre todo, el error periodísticamente hablando del escritor es que no estaba mirando por la verdad, sino por su propio punto de vista, adaptando los hechos para que encajasen con su opinión.

Quizá en este caso era obvio que MacDonald era culpable pero, ¿qué ocurre si no lo es? Los lectores seguramente creerán lo que lean, no lo cuestionarán porque no es una novela de ficción, y el trabajo de cuestionar lo que se le cuente es del periodista, no del lector.  En parte, se sugiere que como obra literaria, el libro se vale de licencias y que no debe interpretarse de forma literal, ¿pero sabe eso el lector cuando se enfrente a un texto que él supone periodístico?

McDonald cumple aún su cadena perpetua, pero si un día se probase su inocencia y  saliese de la cárcel, podría empezar de cero, pero nunca se quitaría de encima la historia que de él se contó en aquel primer libro: Visión Fatal.
        

domingo, mayo 29, 2016

Asesinas en Serie

Con los años, hemos escuchado tantos ejemplos de asesinos en serie que parece que no existen mujeres entre esos individuos. La verdad es que el 85% de los asesinos en serie son, efectivamente, hombres, pero también hay un porcentaje nada despreciable de mujeres que pasarán a la historia en las páginas más negras.

Cada asesino tiene su propio perfil y, aunque pueden contener similitudes, cada caso es único. Sin embargo, únicamente con ese 15% de asesinas en serie sí se puede establecer un perfil medio que muestra, sobre todo, las grandes diferencias que existen entre hombres y mujeres a la hora de matar:

  1. La gran mayoría de los asesinos en serie sonhombres jóvenes, entre 25 y 40 años, con un nivel de educación bajo, y con carreras laborales donde es difícil progresar. Sin embargo, los casos que se conocen de asesinas en serie muestran un perfil totalmente contrario: son mujeres de clase media-alta, con buena formación y buen nivel educativo, y además, son menos propensas a tener antecedentes penales.
  2. Los hombres suelen matar a personas desconocidas mientras que casi todas las mujeres conocen a sus víctimas.
  3. Ellas no suelen usar armas, sino veneno.
  4. Respecto a la profesión, la mayoría se dedican a labores relacionadas con la salud o el cuidado de otras personas, como enfermeras, auxiliares, o cuidadoras de bebés o ancianos. Esto les asegura un fácil acceso a víctimas más vulnerables, a las que cuida, por lo que no levanta sospechas.
  5. Al utilizar veneno, muchas veces la muerte se considera natural, lo que hace difícil reconocer una mano asesina detrás de las muertes.
  6. Son asesinas más pacientes. Por ello, la media de víctimas de las mujeres suele ser mayor que la de los hombres, porque ellas pasan desapercibidas durante más tiempo y sus carreras como asesinas son más largas.  
  7. Por otro lado, están los motivos para matar. Aunque hay de muchas clases, los hombres suelen hacerlo por dominación y por el control. Las mujeres matan, sobre todo, por poder o por dinero.
  8. Los asesinatos perpetrados por mujeres suelen ser menos violentos, menos impulsivos, menos sanguinarios y, desde luego, menos escabrosos, por norma general, y por ello, tal vez, es que a lo largo de la historia se les ha dado menos publicidad.
Pero aunque no sean tan llamativos, y aunque sólo sean un 15%, la verdad es que el resultado es el mismo: sean del género que sean, cuando quitan una vida a sangre fría, se convierten en asesinos.

jueves, mayo 26, 2016

La envenenadora de Valencia

Tenía nombre y apellidos. En concreto, Pilar Prades Santamaría. Pero la historia la recuerda como la envenenadora de Valencia. Su sobrenombre se lo debe a la condena a muerte que le proporcionó el haber envenenado a las personas para las que trabajaba.

La historia de Pilar comienza como la de otro medio millón de niñas y mujeres en toda España, justo al acabar la guerra civil. Su familia la envió entonces del campo a la ciudad para que se ganara la vida. Nuestra protagonista tenía sólo 12 años cuando llegó a Valencia para trabajar como criada. Llegó sin saber leer ni escribir, y así dejó este mundo. Su carácter y su forma de ser hicieron que no durase mucho en las casas donde servía. Así, fue cambiando de trabajo asiduamente hasta que en 1954, empezó a trabajar para un matrimonio, Enrique Vilanova y Adela Pascual. Todo iba bien, Pilar se ocupaba de la casa e incluso ayudaba en la tienda de Enrique y Adela cuando la necesitaban. Pero un día Adela cayó enferma ylo que en principio parecía una gripe terminó por causarle la muerte. Tras la muerte de su mujer, Enrique cerró el negocio, despidió a Pilar y se fue de Valencia. 

Pilar continuó buscándose la vida y gracias a la recomendación de una cocinera, Aurelia Sanz, fue a parar al domicilio donde esta trabajaba, residencia de un médico militar, Manuel Berenguer, y su esposa, María del Carmen Cid. Tras un pequeño desencuentro entre Pilar y Aurelia, esta última cayó enferma, y Pilar la estuvo cuidando durante esa enfermedad. Sin embargo, su estado empezó a ser tan grave que el médico para el que trabajaba la ingresó en un hospital. Cuando empezaba a mejorar, la mujer del médico, María del Carmen, también cayó enferma. Cuando empezó a mostrar los mismos síntomas que la cocinera, Manuel empezó a sospechar y consultó a varios especialistas. Tras realizarle varias pruebas, se descubrió la presencia de veneno en su organismo.

Con la mosca detrás de la oreja, Manuel denunció a Pilar y se puso en contacto con el hombre para el que había trabajado anteriormente. Enrique decidió ayudar y exhumaron el cadáver de su mujer, Adela, en el que encontraron restos de Arsénico. En la investigación, la policía encontró entre las pertenencias de Pilar un frasco de matahormigas con base de arsénico, que podía haber sido el arma, aunque las pruebas nunca fueron concluyentes. A pesar de ello, y de que ella se declaró inocente hasta el último momento, fue condenada a muerte por garrote vil. Su abogado intentó que se confesara culpable para obtener una condena entre 12 y 16 años, y evitar así la pena de muerte, pero Pilar se mantuvo en su versión con todas las consecuencias.

Hasta el  último momento, se esperaba su indulto, porque hacía 10 años que no se ejecutaba a ninguna mujer en España y eran ya varias las envenenadoras que habían visto conmutada su pena capital, pero para Pilar esa suerte nunca llegó.

Acababa de cumplir 31 años cuando acabaron con su vida. Fue la última mujer ejecutada en este país.

viernes, abril 01, 2016

Método de ataque

No todos los delincuentes atacan igual. En las películas nos hemos acostumbrado a ver salir de entre las sombras a un asesino en un parking vacío en mitad de la noche. Pero ese método, que se conoce como ataque por sorpresa, no es la única forma con la que te puedes topar con un delincuente.
Para empezar, hay que definir tres partes: Aproximación, ataque y control. La aproximación se refiere a la estrategia que sigue el delincuente para acercarse a la víctima. Ahí es donde aparece el famoso método por sorpresa mencionado, pero el delincuente también puede pasar directamente al ataque o usar el engaño para aproximarse. Este es el caso de Romasanta, que se ganaba la confianza de las mujeres que quería atacar, les ofrecía ayuda y las convencía para que lo acompañaran en sus viajes.

Una vez que el criminal se ha acercado a su víctima, en este caso, una vez que ha conseguido que se suban al carruaje y le acompañen por su propio pie, nos encontraríamos con el método de ataque, que no sería otra cosa que el mecanismo mediante el cual el delincuente consigue dominar inicialmente a la víctima, y posteriormente con el método de control, que serían los medios con los que se logra contener a la víctima.

¿Por qué es importante todo esto para la criminología? Debemos tener en cuenta que saber la cantidad de fuerza que emplea o no un agresor dice mucho a los investigadores sobre sus necesidades y sus motivos, es decir, sobre su comportamiento, lo cual es importante en algunos casos para su identificación.
Por tanto, obtener toda esa la información sobre cómo se ha atacado a una víctima es esencial para conocer al agresor y llegar hasta él.

miércoles, marzo 23, 2016

El hombre loco de Allariz

El hombre lobo de Allariz protagonizó la desaparición (y supuesto asesinato) de ocho personas en Galicia, en el siglo XIX. Todas ellas, pertenecían tan sólo a dos familias. Con esta historia nacía, en España, el primer asesino en serie conocido del país. Y el primer hombre lobo, claro.
El nombre de nuestro hombre lobo es Manuel Blanco Romasanta, un hombre que tenía una vida normal hasta la muerte de su  mujer, por causas desconocidas. En aquel momento, dejó su trabajo como sastre y comenzó a dedicarse a la venta ambulante. En algunos de sus viajes, le acompañaban las personas que, después, desaparecieron.
Su carácter servicial hizo apartar de él las sospechas al principio, pero bajo esa máscara amable, él decía -así lo aseguró en el juicio - estar maldito, y convertirse en lobo por las noches. Bajo esa forma, y según él, acompañado de otros dos hombres lobo, se atribuía un total de 13 muertes, aunque la justicia sólo reconocía 9 asesinatos.  
Pero ¿era en realidad un hombre lobo? ¿Es casualidad que en un lugar como Galicia, con tantas leyendas al respecto, eligiese, precisamente a ese animal? La tradición gallega cuenta que el séptimo hijo de una familia compuesta sólo de varones puede ser un hombre lobo, sobre todo si nace Viernes Santo o en Nochebuena. ¿Tenía Romasanta una excusa mejor?
La realidad es que nunca se encontraron los cuerpos, pero él confesó haber aprovechado sus viajes para matarlos, por lo que fue condenado a
muerte; condena que nunca llegó a ejecutarse, porque el lobo de Allariz falleció antes, sin que sepamos las causas.
Aunque también hay quien dice que continúa aullando en los bosques gallegos...

Si quieres saber más sobre Romasanta, te invitamos a escuchar el podcast de esta semana: http://www.ivoox.com/10877764

domingo, marzo 20, 2016

Asesinos en Serie

Aunque a lo largo de la historia hemos oído hablar de muchos delincuentes como Asesinos en Serie, la realidad es que el concepto "asesino en serie" no se acuñó hasta los años 70, (Casi 100  años después de los famosos asesinatos de Jack el Destripador, por ejemplo). Fue un perfilador del FBI, Robert Ressler, quien utilizó por primera vez el término asesino en serie para referirse a los que hasta el momento habían sido llamados “asesinos de extraños”.
Aunque hay diversas teorías sobre qué se debe considerar un asesino en serie, hoy en día se considera como tal cuando existen tres o más víctimas, con una importante diferencia respecto a otros tipos de asesinos, y es que los asesinos en serie no matan de forma continua, es decir, existe un periodo que podría llamarse de enfriamiento entre una muerte y otra. Este tipo de criminales suele llevarse algo de “recuerdo” de cada una de sus víctimas que, por otro lado, suelen ser parecidas entre sí, es decir, tienen rasgos similares, ya sean por la edad, por la fisionomía o por su profesión, por ejemplo.
Con todo, lo que caracteriza a todos los asesinos en serie es que el asesino y la víctima no suelen conocerse, y suelen ser crímenes premeditados. Además, se considera que el asesino en serie continúa matando hasta que se le detiene.
Si intentamos relacionar todas estas características con la historia de Jack el Destripador (aprovechando que nos ha ocupado el podcast de esta semana), todas las características concuerdan con su historia. Con una diferencia: en aquel caso, al asesino no se le detuvo, y sin embargo, los crímenes cesaron. Lo más llamativo es que haciendo un repaso a la lista de sospechosos, encontramos que todos ellos tienen un motivo para dejar de asesinar: uno se fue del país, otro fue internado en un centro psiquiátrico, algunos de ellos murieron justo después de los asesinatos… en definitiva, todos los que podían haber sido los asesinos de las cinco mujeres de Whitechapel desaparecieron de Londres, por un motivo u otro, justo después del último asesinato.